Clausura del congreso de valencia por el Presidente del Consejo General, D. José Manuel Valdés Loredo


CLAUSURA

Llegada la Jornada final de este 7º Congreso de los Mediadores Colegiados, Agentes y Corredores quiero transmitirles a todos mi más firme convicción sobre el futuro de nuestra profesión y sobre el futuro de la actividad aseguradora.

El del seguro por su importancia económica y social aún en fase de desarrollo en los riesgos conocidos y con grandes expectativas con la aparición de nuevos riesgos objeto de seguro.

R.C., INFORMÁTICA, PREVISIÓN SOCIAL.

Usando la expresión utilizada esta mañana por nuestro Diputado Sr. Martínez Pujalte el seguro tiene una proyección enorme de futuro.

Futuro también para el Mediador como profesional que seguirá siendo necesario para el asegurado, más necesario cuanto mejor y más rigurosa sea nuestra calidad de asesoramiento y servicio.

Un asesoramiento y servicio al que llegaremos por el cauce de la formación, la especialización y la adopción de las nuevas herramientas de la tecnología, informática y telecomunicación.

Un Mediador que lejos de un modelo estandarizado ha de saber cara al futuro adecuar su dimensión en virtud de su especialización, su área de actuación y su ámbito territorial.

No es cuestión de tamaño, grande o pequeño sino de dimensión adecuada a su estrategia empresarial y ámbito de ejercicio profesional.

Un Mediador que ha de tener siempre presente y no olvidar al auténtico protagonista de su razón de ser y existir: El Asegurado.

Un asegurado que ha de fidelizar convirtiendo el Mediador su cartera en una cartera integral de clientes frente a la tradicional costumbre de la cartera de pólizas, prestándole así un amplio servicio en sus necesidades aseguradoras, en sus necesidades de cobertura de riesgo.

Sabido es que la calidad de nuestro servicio y de atención al cliente está supeditada, que no sometida, al que a su vez recibamos de las aseguradoras.

Cierto también que hoy padecemos dificultades por su gestión, por la restricción en la aceptación de riesgos, por las "novaciones" muchas veces injustificadas de los contratos con incumplimiento de los preceptos de la Ley. (Subida injustificada de primas, anulación anticipada, sustitución por nuevos productos).

A todo ello sin embargo hemos de responder con nuestra calidad profesional -lema de nuestro Congreso- y como colectivo conseguir, exigir, la mejora en sus sistemas y el cambio en sus criterios.

Dificultades éstas a las que hemos de responder ya que no son problema exclusivo del sector asegurador sino común a tantas actividades en unos mercados con una dinámica social que olvida con frecuencia sus valores éticos, los sacrifica, en pro de los valores económicos donde reina la cuenta de resultados.

Por nuestra parte y lejos de seguir asumiendo el victimismo como bandera, hemos de reaccionar a través de nuestro colectivo y para ello hemos de potenciar la Institución colegial, moderna e integradora en su voluntariedad y por ello abierta al diálogo y debate y no a la confrontación permanente.

Una Institución que frente a su pertenencia a un mercado muy compartido y liberalizado se presenta como la única, con representatividad reconocida no solo en la Mediación, sino en todo el Sector, porque -yo diría con legítimo orgullo- somos de las pocas profesiones sancionadas por una LEY Y RATIFICADA en sus sucesivas modificaciones, en su condición de Corporación de Derecho Público.

Una Institución que se ha de implicar, lo estamos haciendo en el día a día de la Mediación, en la prestación de nuevos servicios pero que necesita no solo comprensión sino el impulso de la participación de todos sus colegiados.

Decía ayer el profesor José María Baño León que la organización colegial supone socialmente un importante "plús de prestigio" que se extiende al profesional que está integrado en ella. Que el rigor y la seriedad con que la sociedad mira a sus miembros determina su legitimidad.

Potenciémosla pues desde la óptica integradora de la relación con otras asociaciones participemos activamente de su contenido y no renunciemos bajo ningún concepto al papel que podemos, debemos y hemos de desempeñar.

Permítaseme concluir recomendando que lejos de la permanente preocupación victimista de lo que nos pueden quitar nos ocupemos constantemente de aquello que seamos capaces de conseguir.
 
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